La oración personal, especialmente la contemplativa, nos profundiza en nuestra relación con Dios. La oración abre nuestro corazón a una fe radical con compasión y nos lleva a actuar en nombre y bienestar de los demás.
Rezando el rosario, sentadas o caminando en contemplación, acompañando al Señor durante la adoración Eucarística, rezando las estaciones de la Cruz, y la oración Taize son algunas de las diversas maneras en las que invitamos a los demás a unirse en nuestra oración contemplativa.
Nos esmeramos por rezar y vivir nuestra vida siguiendo el ejemplo de María, mujer de fe, esperanza a favor de los sufridos y oprimidos, una mujer contemplativa.