Nos esforzamos por ser instrumentos de esperanza y justicia a través de nuestro trabajo parroquial, nuestra participación diocesana, nuestro trabajo pastoral en los hospitales y prisiones, ministerios educativos y de sanación.
Como mujeres de la Iglesia, colaboramos en la construcción del cuerpo de Cristo al dialogar con nuestros compañeros láicos, con el clero y líderes diocesanos.
Apreciamos y valoramos a las personas de diversas culturas y creencias religiosas en nuestra búsqueda común de Dios.